Redención Cultural : Juan Calvino

JUAN CALVINO: EL TEÓLOGO CULTURAL Y REFORMADOR DE LA VIDA TOTAL

Juan Calvino (1509–64) fue un Reformador de segunda generación, edificando sobre el fundamento establecido por Lutero y Zwinglio. Este hecho de ninguna manera significa que era meramente un reproductor y copista.  Calvino no solamente hizo una contribución original a la teología, sino también al ámbito de la cultura. De hecho, podría ser llamado el teólogo de la cultura par excellence.

El Impacto Político de Calvino

La Reforma, en su esencia, no era un asunto de lo periférico, sino del corazón, del cual brotan los asuntos de la vida. Se dirigía a la cuestión de la relación del hombre con Dios, la que es determinante para todas las otras relaciones de la vida. En este sentido era católica y universal en su impacto sobre la vida total de la sociedad.

Aunque la restauración de la verdadera iglesia era la meta principal, la divina gloria de la obra de Dios en Cristo arrojó su luz con amplitud hacia toda esfera de la vida.

El impacto de las ideas de Calvino en la esfera política inauguró una nueva era, dándole un carácter y una dirección nuevas a la existencia nacional en muchas tierras.

El estado Griego había sido totalitario, en el que la religión servía como un medio para un fin, a decir, la glorificación del estado.

En la Edad Media los roles fueron revertidos de manera que nos encontramos con una iglesia-estado, con la suprema autoridad conferida al papa, quien prestaba el poder temporal al gobernante terrenal para el servicio de la iglesia. Calvino miró a la iglesia y al estado como dos entidades interdependientes cada una habiendo recibido su propia autoridad del Dios soberano. En esta concepción el estado nunca es secular, ni están el estado y la iglesia separados en el sentido moderno de la palabra. La democracia atea y la soberanía popular no pueden decir que Calvino es su padre.

Según Calvino, la iglesia y el estado deben vivir en paz y deben cooperar juntos en sujeción a la Palabra de Dios. Cada una ha de tener su propia jurisdicción. El estado tiene autoridad en los asuntos puramente civiles y temporales; la iglesia, en los asuntos espirituales. Calvino abolió la cláusula de la ley canónica del beneficio del clero, colocándose a sí mismo y a sus asociados ministeriales en obediencia a los magistrados en todos los asuntos civiles. Los magistrados, por su parte, habían de estar bajo la jurisdicción del consistorio en las cosas espirituales. Es claro por esto que Calvino pensaba del estado como constituido por ciudadanos Cristianos, pues, así como no hubiera sido posible, la vida individual próspera sin moralidad basada en la verdadera religión, así también, sostenía Calvino, la vida social y política sin verdadera moralidad, la que a su vez está basada en la verdadera religión, a decir, la Cristiana, es imposible.

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Albert Hyma afirma que fue especialmente la transferencia del sistema de elección usado en la escogencia de ancianos y diáconos en la iglesia Ginebrina hacia la arena política lo que hizo posible un impacto tan tremendo dondequiera que iba el Calvinismo (República Holandesa, Inglaterra y Escocia, y América).

 El fallecido Williston Walker de la Universidad de Yale escribió, “La influencia del Calvinismo, por más de un siglo después de la muerte del Reformador de Ginebra, fue la fuerza más potente en Europa en el desarrollo de la libertad civil. Lo que el mundo moderno le debe es casi incalculable.”

Un reciente autor Inglés, al contar la historia de cuál es el logro del Calvinismo en América, dice,

“Lo hemos visto modificando las constituciones y formas de vida de países antiguamente establecidos en Suiza, Holanda y Gran Bretaña, pero aquí lo tenemos operando como un factor principal en crear un nuevo estado. La influencia de los Estados Unidos en el mundo de hoy hace de sus orígenes un asunto de gran interés. Esos orígenes revelan uno de los triunfos más especiales del Calvinismo.”

Esto también es enfatizado por el Sr. Davies quien afirma que el estado mental de los colonizadores Americanos había sido formado antes que la influencia de Locke llegara a expresarse en nuestro lado del océano a través de Jefferson, mientras que Dakin estima que alrededor de dos de los tres millones de habitantes en América al momento de la guerra Revolucionaria pertenecían a las filas Calvinistas…

El Impacto de Calvino en la Cultura

Este juicio de Warfield se confirma por el hecho de que Calvino también liberó a toda la esfera de la cultura de la tutela de la iglesia. Calvino rechazó el esquema de naturaleza y gracia de Aquino, en el que el mundo está dividido en mitades superior e inferior, dadas respectivamente al dominio de la fe y la razón. En esta visión la gracia incluye la religión, la ética, la teología y la iglesia; pero la naturaleza es el ámbito de la cultura, incluyendo todas las actividades naturales del hombre. Dándose cuenta de lo inadecuado del ámbito inferior, en y por sí mismo, Aquino y la iglesia en pos de él colocan toda la esfera de la cultura bajo la tutela de la iglesia, y ésta se convierte en sirvienta de la teología.

Guillermo de Occam, el filósofo nominalista, oponiéndose a este señorío, enfrenta antitéticamente a los dos ámbitos el uno contra el otro. Él, en verdad, liberaría al arte y a la agricultura, al comercio y a la industria del poder del papa, pero las transfiere a las manos de duques y reyes.

De esta forma se convirtió en el padre de una cultura controlada por el estado, el primer filósofo moderno del totalitarismo.

Ahora Calvino proclamó junto a la iglesia y al estado un tercer ámbito, un área de la vida que tiene existencia y jurisdicción separada. Es llamada la esfera de la adiaphora, las cosas promedio. Este es el tribunal de la conciencia. Ningún papa o rey puede dominar en este ámbito.

Esta área no está restringida a unos pocos asuntos insignificantes de gusto y opinión entre individuos, sino que incluye la música, la arquitectura, el aprendizaje técnico, la ciencia, las festividades sociales, y la cuestión de todos los días, “¿Qué comeremos y qué beberemos o con qué vamos a vestirnos?” Ahora Calvino proclama la libertad, tanto de la iglesia como del estado, para esta área grande y completa de la vida en su doctrina de la libertad Cristiana, haciendo al hombre responsable de dar cuentas solo a Dios en su conciencia.

Por lo tanto, esta doctrina de la libertad Cristiana es una de las piedras fundamentales de la filosofía cultural de Calvino.

La Libertad Cristiana como la Base de la Vocación Cristiana

La doctrina de la Libertad Cristiana (Inst. III, 19) forma el apéndice de la justificación, y sin ella no puede haber el “correcto conocimiento de Cristo, o de la verdad evangélica, o de la paz interna de la mente.” Pero cuando se menciona esta doctrina hay dos reacciones violentas: algunos “bajo el pretexto de la libertad, abandonan toda obediencia Dios, y se precipitan en el más desenfrenado libertinaje; y algunos la desprecian, suponiéndola subversiva de toda moderación, orden y distinciones morales” (par. 1).

Estas son las reacciones del mundano y del asceta. Calvino se opone igualmente a estos dos males, la mundanalidad y el escape del mundo. Sin embargo, esto no le convierte en un neutralista en el sentido de uno que quiere su pastel mientras se lo come. Calvino no aparentaba estar a favor de ambos extremos, sino que su balance es escritural, y va tan lejos como va la Palabra.

Claro, en su esencia la libertad Cristiana es espiritual. Consiste de la libertad de la esclavitud de la ley y restauración a la obediencia voluntaria a la voluntad de

Dios. Puesto que estamos libres de la ley como instrumento para salvación, respondemos como hijos al servicio de Dios con gozo y prontitud. La libertad es disfrutada en el camino de la fe y debe animarnos a la virtud, pero las mentes serviles, quienes la usarían para cumplir las lujurias de la carne, no tienen parte en ella.

Puesto que Pablo pone todas las cosas externas sujetas a nuestra libertad (Rom. 14:4), no hay nada impuro en sí mismo, con tal que usemos nuestra libertad ante

Dios y no ante los hombres. Se abusa de los buenos dones de Dios si son codiciados con demasiado ardor, cuando se alardea de ellos con orgullo, o cuando se colman con lujos.

Sin embargo, para el puro todas las cosas son puras, pero todo lo que no es de fe es pecado, y “para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.” (Tito 1:15).

El Cristiano, quien es el liberto de Dios, usa este mundo en fe, es decir, en obediencia a los mandamientos de Dios para su gloria. Debe observar moderación para no llegar a abusar de los buenos dones de Dios; debe ser paciente y sumiso cuando se ve privado de bendiciones terrenales. Es llamado a ejercitar el amor y la paciencia en el uso de su libertad, para que su prójimo pueda ser edificado. Pero puesto que las cosas de este mundo no son pecaminosas en sí mismas puede poseerlas, sino que debe, en el proceso, guardarse de ser poseído por ellas. La búsqueda de logros culturales y la obtención de riquezas no son malas en sí mismas; el disfrute de la comida, la bebida y el lujo no ha de ser despreciado o condenado, pero las maldiciones de Dios caen sobre los ricos porque están inmersos en los deleites sensuales y sus corazones están embriagados con los placeres presentes mientras buscan perpetuamente asir otros nuevos (Inst. III, 19, 9 & III, 6-10).

En su meditación acerca de la vida futura Calvino dice que debemos aprender a despreciar este mundo presente porque nos aparte de nuestro llamado. En ese sentido las buenas cosas en sí mismas se transforman en males para nosotros; por tanto debemos aprender a mirar por encima de todas las cosas a la luz de la eternidad.

He aquí el punto crítico del asunto. ¡Este es el asunto decisivo! Para Calvino el esfuerzo cultural de uno es bueno o malo, dependiendo de la fe de uno. Todo lo que no es de fe es pecado. Toda cultura apóstata es egoísta en la que el hombre se salva a sí mismo por sus obras y exalta su propia gloria.

Pero la doctrina de la justificación por la fe con su apéndice de la libertad Cristiana hace al hombre libre para servir a Dios en su llamado cultural.

Abraham Kuyper, en sus Conferencias Stone, señala este punto cuando nos recuerda que fue esta liberación del hombre medieval de la carga de tener que ganar la salvación por las obras la que liberó la energía e interés que produjeron nuestro mundo moderno con su ciencia, industria e inventos. Pues, por el énfasis de Calvino sobre el uso apropiado, de este mundo, la mirada del creyente fue dirigida a este hermoso cosmos en el que Dios nos llama a ser sus agentes culturales, y a tener dominio sobre la tierra, a poblarla, y a cultivar el suelo.

 Y mientras Agustín había dicho que “el trabajo, aunque útil, es en sí mismo un castigo” ( De civ. Dei, XXII, 22), Calvino sostiene que la vocación de todo hombre le es concedida por Dios, de la cual se deriva una consolación peculiar, es decir, que “no hay obra alguna tan humilde y tan baja, que no resplandezca ante Dios, y sea muy preciosa en su presencia” (Inst. III, 10, 6).

En resumen, se debe recordar que Calvino como el teólogo de la cultura estaba interesado en traerla a la obediencia a Cristo por medio de su Palabra. En el área de la cultura el hombre es libre bajo Dios de la iglesia y del estado. Pero no es la libertad de la licencia o la libertad de renunciar al mundo como malo.

El hombre es justificado por fe y por regeneración es renovado a la imagen de Cristo; por tanto, la influencia santificadora de la Palabra debe extenderse a toda la existencia del hombre bajo el sol. Todo hombre tiene un llamado divino para cumplir el mandato cultural, pues todas las cosas son nuestras, y nosotros de Cristo. Sin embargo, debemos ejercer moderación, paciencia y fidelidad en nuestra vocación diaria, trabajando como para el Señor ante la mirada de Dios (Coram Deo).

La concepción de Calvino de la cultura también es radicalmente escatológica. Pues la vida total es una meditación de la vida por venir, y todo debe verse a la luz de la eternidad. Por lo tanto, debemos aprender a poseer y no a ser poseídos por las cosas de este mundo, pues el mundo pasa. Para Calvino la cultura nunca es un fin en sí mismo.

Toda la erudición, todo el arte y el aprendizaje, lo mismo que las formas más humildes de la cultura, han de usarse para el servicio de Dios y ejercidos para la gloria de Dios.

De allí que se encuentre una dualidad que existe en la cultura humana, pues la actividad del hombre que no está dirigida al servicio y la gloria de Dios es auto-frustrante, es vana y sin significado. ¡Soli Deo Gloria!

¡Solo a Dios la Gloria! Ese era el lema de la vida de Calvino, no solo en la obra de Cristo para salvación, sino también para el esfuerzo cultural del hombre

Fuente: Extracto de “El concepto Calvinista de la Cultura” , Henry Van Til , Capítulo VII, Juan Calvino: El Teólogo Cultural y Reformador de la Vida total

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